No pasa nada si quito la muralla de papel,
porque tras el fuerte estas Tú listo para entregarme el escudo de la fe.
El abismo es enorme, y yo al borde me aterro
pero recuerdo que tienes alas y que jamás me dejarías caer.
Sería mejor que te creyera y confiara en que Tú velas por mí.
Que es absurdo y más de mil veces fútil tratar de no sufrir.
“Tendreís aflicción” declaraste y no hay méritos para ser la excepción;
He aprendido que el dolor es parte de la redención.
Tu determinación soberana es suficiente razón
para soltar las riendas de mi vida, y darte el control.
¿Qué hago yo, peleando con el fuerte de Israel?
Terca como Jacob:
huyo decidida y vuelvo cojeando por querer arrancarte una bendición.
El fémur roto como monumento a la dependencia,
que no se me olvide que no soportas verme aferrada a mi propia prudencia.
“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?”-Romanos 8:32
Hola!
Tus palabras me han tocado. Gracias por este hermoso espacio en la web.
Que Dios te siga bendiciendo!
Kris.