“Cuando Rebeca se enteró de lo que estaba pensando Esaú, mandó llamar a Jacob, y le dijo:—Mira, tu hermano Esaú está planeando matarte para vengarse de ti. Por eso, hijo mío, obedéceme: Prepárate y huye en seguida a Jarán, a la casa de mi hermano Labán, y quédate con él por un tiempo, hasta que se calme el enojo de tu hermano.”-Génesis 27-42:44
Me echaste a correr.
El enemigo, las pruebas, el dolor, el conocimiento turbio y mi espíritu abatido amenazaban con matarme.
Pero Tú que me amas y has resuelto bendecir mi vida, sin hacerme preguntas, me diste una órden: “Prepárate y huye en seguida...”
Y me sedujiste,
para traerme hasta el desierto.
Y aquí cumpliste tu promesa de amor:
quitaste de mis labios el nombre de los baales (Oseas 2:14,17,19).
En principio no lograba entender por qué razón habías permitido que mi vida se derrumbara.
Por eso, en mi terquedad, en lugar de consolarme en el descanso de tu soberanía, opté por llorar día y noche.
No busqué tus reconfortantes alas Señor, sino sobre piedra puse mi cabeza, como quien no te conociera y como desamparado dormí descubierta.
“Jacob partió de Berseba y se encaminó hacia Jarán.11 Cuando llegó a cierto lugar, se detuvo para pasar la noche, porque ya estaba anocheciendo. Tomó una piedra, la usó como almohada, y se acostó a dormir en ese lugar.”-Génesis 28:10-11
Pero aún quebradiza,
en mi angustia y desconsuelo
Tú seguías afirmándote Dios del cielo:
Aquel que con su palabra creó el universo.
Y cuando mi visión se quedó corta,
me diste tu luz y me devolviste el anhelo:
“En el sueño, el Señor estaba de pie junto a él y le decía: «Yo soy el Señor, el Dios de tu abuelo Abraham y de tu padre Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra sobre la que estás acostado.14 Tu descendencia será tan numerosa como el polvo de la tierra. Te extenderás de norte a sur, y de oriente a occidente, y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia.15 Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido.»”-Génesis 28:13-15
Enjugáste mis lágrimas, mi Dios.
Aunque no entienda tus decisiones
puedo declarar tu gracia.
Aunque mis pies cortados parezcan hundirse en la arena
Sé que me muevo sobre la roca inconmovíble.
Habitas en el manantial y en el páramo.
Ahora sé que Tú eres absolutamente lo único que necesito.
“Al despertar Jacob de su sueño, pensó: «En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta.»17 Y con mucho temor, añadió: «¡Qué asombroso es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios; ¡es la puerta del cielo!»”- Génesis 28:16-17