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demolerse.

No pasa nada si quito la muralla de papel,
porque tras el fuerte estas Tú listo para entregarme el escudo de la fe.
El abismo es enorme, y yo al borde me aterro
pero recuerdo que tienes alas y que jamás me dejarías caer.

Sería mejor que te creyera y confiara en que Tú velas por mí.
Que es absurdo y más de mil veces fútil tratar de no sufrir.
“Tendreís aflicción” declaraste y no hay méritos para ser la excepción;
He aprendido que el dolor es parte de la redención.

Tu determinación soberana es suficiente razón
para soltar las riendas de mi vida, y darte el control.
¿Qué hago yo, peleando con el fuerte de Israel?

Terca como Jacob:
huyo decidida y vuelvo cojeando por querer arrancarte una bendición.
El fémur roto como monumento a la dependencia,
que no se me olvide que no soportas verme aferrada a mi propia prudencia.

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?”-Romanos 8:32

En los labios que se me han sellado un poco.
Proclamar la Palabra con una voz áspera, a causa de un alma que se ha resecado.

Estoy casi deambulante.
Entre dar vueltas y pasos rectos
con la esperanza de toparme frente a la puerta del Palacio.
Gatearía por los atrios hasta llegar al trono,
pero me basta con que me recibas a la puerta.
Si me tocara quedarme a la orilla del portal, con gusto que me sentaría.
Y me bastaría que tan sólo me miraras, y me dejaras llorar.

Árida como el desierto de Gaza, y casi muerta.
Ya no tengo letras que hagan poemas, pero tengo lágrimas para derrochar.

Devuélveme tu fuego, ten piedad.
Aunque no merezca ni mencionar tu nombre, tu gracia sigue siendo igual.
Y si moriste por mí cuando aún no podía creer que vivías,
cuánto más ahora que Tú mismo me has dado vida.

Te suplico una renovación, un ardor apasionado mayor que el de ayer.

Por ser una persona que contagie con tu luz a otros.
Una persona que no se queje, en cuya boca siempre esté el recuento de tus bendiciones.
Oro por parecerme más a tí Señor:
quiero infundir vida, aliento, paz.
Que en mis labios siempre haya una sonrisa de serenidad.
Que en mi corazón siempre haya una canción de alabanza.
Quiero ser melodiosa para Tí, y mientras te adoro, la gente sea inhundada con tanto amor que no puedan sino verte a Tí, Señor.

Lléname de tu Espíritu Santo, quiero ser llena. Tengo hambre de Tí, de tu amor. Sáciame con tu plenitud.

En el nombre de Jesús, el Cristo y mi Salvador. Amén

“Cuando Rebeca se enteró de lo que estaba pensando Esaú, mandó llamar a Jacob, y le dijo:—Mira, tu hermano Esaú está planeando matarte para vengarse de ti. Por eso, hijo mío, obedéceme: Prepárate y huye en seguida a Jarán, a la casa de mi hermano Labán, y quédate con él por un tiempo, hasta que se calme el enojo de tu hermano.”-Génesis 27-42:44

Me echaste a correr.
El enemigo, las pruebas, el dolor, el conocimiento turbio y mi espíritu abatido amenazaban con matarme.
Pero Tú que me amas y has resuelto bendecir mi vida, sin hacerme preguntas, me diste una órden: “Prepárate y huye en seguida...”

Y me sedujiste,
para traerme  hasta el desierto.
Y aquí cumpliste tu promesa de amor:
quitaste de mis labios el nombre de los baales (Oseas 2:14,17,19).

En principio no lograba entender por qué razón habías permitido que mi vida se derrumbara.
Por eso, en mi terquedad, en lugar de consolarme en el descanso de tu soberanía, opté por llorar día y noche.
No busqué tus reconfortantes alas Señor, sino sobre piedra puse mi cabeza, como quien no te conociera y como desamparado dormí descubierta.

“Jacob partió de Berseba y se encaminó hacia Jarán.11 Cuando llegó a cierto lugar, se detuvo para pasar la noche, porque ya estaba anocheciendo. Tomó una piedra, la usó como almohada, y se acostó a dormir en ese lugar.”-Génesis 28:10-11

Pero aún quebradiza,
en mi angustia y desconsuelo
Tú seguías afirmándote Dios del cielo:
Aquel que con su palabra creó el universo.
Y cuando mi visión se quedó corta,
me diste tu luz y me devolviste el anhelo:

“En el sueño, el Señor estaba de pie junto a él y le decía: «Yo soy el Señor, el Dios de tu abuelo Abraham y de tu padre Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra sobre la que estás acostado.14 Tu descendencia será tan numerosa como el polvo de la tierra. Te extenderás de norte a sur, y de oriente a occidente, y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia.15 Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido.»”-Génesis 28:13-15

Enjugáste mis lágrimas, mi Dios.
Aunque no entienda tus decisiones
puedo declarar tu gracia.
Aunque mis pies cortados parezcan hundirse en la arena
Sé que me muevo sobre la roca inconmovíble.
Habitas en el manantial y en el páramo.
Ahora sé que Tú eres absolutamente lo único que necesito.

“Al despertar Jacob de su sueño, pensó: «En realidad, el Señor está en este lugar, y yo no me había dado cuenta.»17 Y con mucho temor, añadió: «¡Qué asombroso es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios; ¡es la puerta del cielo!»”- Génesis 28:16-17

Mensaje Para Dios

Porque eres maravilloso y dador de todo gozo.
Alabarle con entendimiento segun su firmamento.
Porque el que le alaba con delicadeza encuentra grandeza.
Porque grandes eres Tú y no hay nadie como Tú.
Eres el que me da dirección y por tu perdón, hoy me brindas protección.
Sin ti no puedo más Señor.
Gracias por ser mi luz y mi salvación.
Porque al tener tu confianza te imploro mi alabanza.
Con esta exhortación de gratitud, te alabo en plenitud,
En la integridad de mi corazón te cantaré esta canción,
Porque Tú eres la razón.
Porque grandioso y poderoso eras, eres y serás por los siglos de los siglos…
Amén.”

- Matt, 2008

susurro.

…Y te perdono, setenta veces siete, te perdono.
Porque eres mía y te amo sin resistencia
y ninguna burla del enemigo es mayor que mi amor por tí.
Eres totalmente mía.
Yo beso tu frente mientras duermes y te cubro del frío de la noche.
Enjugo tus lágrimas y quito la mancha del temor.

me llamaste roble.

Nadie puede hacerme reverdecer como Tú puedes hacerlo.
Nadie puede hacerme entender lo eterno.
Nadie puede hacer que mi alma sonría.
Nadie podrá jamás saciar mis deseos como Tú Señor.

Nadie jamás susurrará a mi oído verdades eternas como Tú, que eres verdad encarnada.
Nadie podrá jamás hacerme suya sin medida, como Aquel cuyas manos formaron mis huesos.

Yo te necesito Señor,
mi hambre, mi sed y mis ganas tienen inscrito el nombre de Cristo.
Eres el Rey de mi vida, mi aliento, el que levanta mi cabeza,
el que derrama bálsamo sobre mí.
Dios bendito, baluarte de la justicia. Esencia indescriptible.
Mi fragancia perpetua.

Oasis para mis raíces es tu dulzura.
Tu manifestación de Tí, el mineral que me alimenta.
Eres mi fuerza, mi centro.
Por tí y sólo por tí mis ramas se estremeceran en medio del viento recio, pero nada me podrá quebrar.
Me llamaste roble y soy tuya
Para siempre seré altar de tu gracia.

“Por eso, ahora voy a seducirla: me la llevaré al desierto
y le hablaré con ternura.Allí le devolveré sus viñedos,y convertiré el valle de la Desgracia en el paso de la Esperanza.Allí me corresponderá, como en los días de su juventud, como en el día en que salió de Egipto.
En aquel día —afirma el Señor—, ya no me llamarás: “mi señor” ,
sino que me dirás: “esposo mío”.
Te quitaré de los labios el nombre de tus falsos dioses,
y nunca más volverás a invocarlos.

Yo te haré mi esposa para siempre,
y te daré como dote el derecho y la justicia,
el amor y la compasión.”-Oseas 2:14-17, 19

de camino al desierto.

“Por eso, ahora voy a seducirla:
me la llevaré al desierto
y le hablaré con ternura.
Allí le devolveré sus viñedos,
y convertiré el valle de la Desgracia
en el paso de la Esperanza.
Allí me corresponderá, como en los días de su juventud,
como en el día en que salió de Egipto.
En aquel día —afirma el Señor—,
ya no me llamarás: “mi señor” ,
sino que me dirás: “esposo mío” .
Te quitaré de los labios el nombre de tus falsos dioses,
y nunca más volverás a invocarlos.
(…)
Yo te haré mi esposa para siempre,
y te daré como dote el derecho y la justicia,
el amor y la compasión.”-Oseas 2:14-17, 19

Que estemos listos para cuando en el día postrero nos presentemos ante Ti, digamos humildemente:

Escogí el camino de la verdad;
He puesto tus juicios delante de mí.
Me he apegado a tus testimonios;
Oh Jehová, no me averguences. -Salmo 119:30

-H. Rodríguez

Antes de que busquen su voz mental más gruesa y en rima, sepan que este post no es poesía…es una razón jajajajaja.

Obvio darse cuenta que nunca hice algo con la serie de cartas que dije que haría el mes de marzo. Pero un buen amigo empezó el trabajo (no por inspirarse en mi blog, sino por una película que dicen que está buenísima -Letters to God-). Así que les exhorto a que visiten su blog. Yo sé que bendecirá sus vidas.

Este es su site: www.tintinosio.blogspot.com

Siempre,
Kathie Joe

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